Martes, 20:00 horas. La línea de producción está detenida.
La producción está comprometida.

Por: Luis J. Gonzalez Lugo



El operador no sabe qué hacer.
El técnico de mantenimiento tampoco.
La falla los supera.
No es mecánica.
No parece energía.
No es evidente.
No se ve.
Y nunca se había presentado…

Llaman al Ingeniero de Automatización y Control.
El escenario no se parece en nada a la versión romantizada que se ve en redes.
Su casco no es blanco impoluto.
No lleva corbata.
No abre un notebook y empieza a teclear como mecanógrafo.
Viste jeans o un overol algo sucio.
Asume el rol real: investigador.

Primero, hace las preguntas de rigor al operador:
“Hola, ¿cómo estás Pedro/Jaime/Juan?” (cortesía, ante todo).
“Cuéntame… ¿qué no hace el equipo?”
“¿Se detuvo en operación o estaba detenido y no arranca?”
“Si se detuvo… ¿qué acción se estaba ejecutando?”
Y al final, la frase que da esperanza:
“Tranquilo, lo vamos a resolver”…

Luego habla con el técnico de mantenimiento.
Ahora sí, preguntas más específicas:
“¿Tenemos tensión?” (la más obvia).
“¿Revisaste protecciones eléctricas y enclavamientos de seguridad?”
“¿Viste algún sensor o cable golpeado o partido?”
“¿El equipo se venía comportando errático?”
Y al final, la misma frase:
“Tranquilo, lo vamos a resolver”…

El ingeniero revisa la máquina.
No observa causa evidente.
Abre el gabinete de control.
No hay glamour.
Lo que sí hay son cables, contactores, relés, PLC, variadores, switches de comunicación, equipos de control… y algo polvo…

Con suerte el gabinete está ordenado.
Con suerte los planos de potencia y control están actualizados.
Con suerte el programa está bien documentado.
Y si no… igual no se desespera.
Se mantiene paciente.
Que no es lo mismo que indiferente.
Se conecta al PLC.
Lee y monitorea en línea.
En su mente empiezan a aparecer los fundamentos: electricidad, mecánica, electrónica, telecomunicaciones, hidráulica…
Y también recuerdos de fallas anteriores, aunque no sean exactamente iguales…

Con método, empieza a analizar.
A aislar.
A acorralar la falla.
Y es justo en ese punto, cuando aún no aparece la causa, que surge la pregunta desafortunada:
“¿Cuánto falta para arrancar?”
Y la respuesta honesta suele ser:
“No tengo idea.”
Pero con la misma convicción:
“Tranquilo, lo vamos a resolver”…

De pronto… ¡momento eureka!
La falla se identifica.
Se acorrala.
Era un cable partido.
Un falso contacto.
Una entrada del PLC quemada.
Un sensor dañado.
Quién sabe.
El asunto es que ahora se sabe.
Y se resuelve.
Minutos u horas.
Da igual.
Porque los Ingenieros de Automatización no miran el reloj:
la falla los reta, los absorbe, los obsesiona.

Y al final, cuando la máquina arranca, la línea de producción se reactiva…
no hay aplausos.

Solo la satisfacción de haber resuelto lo que no se veía.
Porque al final…
“El mérito está en resolver”.

Francisco Cotrina

Por AADECA

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